Encuentro Inesperado

Es difícil encontrar actividades que generen mayor bienestar que la práctica del deporte. Aun mayor es la satisfacción que se siente encontrar el deporte para el que tu cuerpo se acopla fácilmente. Desde niño me gusto correr y competir contra mis hermanos, primos y compañeros del colegio. Crecer en medio de familias numerosas y personas de tu edad te hace ser competitivo, es natural. Esa habilidad de ser veloz y ágil no tuvo tanto sentido en mi vida hasta que encontré el ultimate frisbee, un deporte donde la sana competencia y el respeto por los demás son los aspectos más importantes.

No puedo decir que fui desafortunado por conocer este deporte tan tarde en mi vida, 33 años, cuando apropiar conocimientos técnicos ya no es tan sencillo, no obstante he logrado dedicarle a este deporte una buena cantidad de tiempo desde el momento en que tuve mi primer contacto con un disco volador, logrando satisfacciones personales y grupales que no se obtienen en otros aspectos de la vida. El ultimate Frisbee llego a mi vida en el lugar más inesperado, Kabul, Afganistán.

Llegue a Kabul en el verano del 2013, una ciudad misteriosa donde la vida lucha ferozmente por obtener su lugar preponderante. Como voluntario de la Naciones Unidas, llegue a vivir en un campamento donde se puede encontrar lo necesario para vivir, y donde los expatriados intentan llevar una vida normal. Es así que las actividades deportivas en un entorno agreste, pueden convertirse en una fuente de oxígeno para sobrellevar las inusuales condiciones de vida que se deben enfrentar en medio de una de las capitales más peligrosas del mundo.

Debido a la falta de espacio, el juego se llevaba a cabo en una zona de parqueo de vehículos preparados para una eventual evacuación. Cada viernes a las 10 de la mañana, nos preparábamos para recibir en nuestro campamento invitados de otras organizaciones, una vez adecuado el espacio la música acompañaba nuestras 2 horas de juego continuo. Todos eran bienvenidos, sin limitación de edad, sexo, nivel de juego, un deporte realmente incluyente.

Para el grupo de expatriados e incluso locales que nos encontrábamos semana a semana en el improvisado espacio de juego, el ultimate se convirtió en el centro de nuestra vida extra laboral. El espíritu de juego, propio de este deporte, se vuelve una herramienta para crear lazos de amistad, de entendimiento entre tan diversas culturas que se congregaban entorno al disco volador, respeto y alegría, correr y competir.

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